Anochecer. Caos.
El proyecto se empezó por el gabinete centro-conservador, pero tras unas elecciones en las que el partido nacional Europeo (ultraderechista) prometió repartir los pisos únicamente entre los ciudadanos europeos y por riguroso sorteo, en el momento en que se acabase el proyecto, asà como proteger la mayorÃa de las otras ciudades frente a la contaminación y las radiaciones, promesas que le valieron ganar las elecciones, y que cumplió una vez aprobó la ley de exclusión, por la que se privaba de la ciudadanÃa, y por tanto del sorteo, a todos aquellos que no fueran de raza blanca. Además, en cuanto a la protección se hizo parcial, lenta y solo en determinadas ciudades. Esto llevo a protestas y disturbios. Cuando la oposición
exigió, en una de las pocas votaciones que pudo ganar, que se respetaran los derechos de las minorÃas, y se protegiera a los no ciudadanos de los rayos ultra violeta, la respuesta del gobierno fue que podÃan instalarse bajo de las zonas protegidas (Las ciudades se elevaron para evitar las corrientes de aguas contaminadas que, en la mayorÃa, aparecÃan por las calles debido a lo deficiente del alcantarillado) pero que no habÃa presupuesto para más. Y asà la mayorÃa de los que, paradójicamente, habÃan amontonado los ladrillos y construido (con sus manos) las grandes y nuevas ciudades protegidas, no tuvieron más remedio que refugiarse, bajo ellas, en las peores zonas. El descrédito final, tras la anulación por los gobiernos de algunas de sus medidas les llevo a unas elecciones anticipadas, en las que prácticamente desaparecieron. Por primera vez, incluso aquellos que abogaban por la centralización, todos se alegraron que, pese a la polÃtica de defensa y seguridad coordinada, los ejércitos y la policÃa estuvieran en manos de los gobiernos estatales y no de la Unión, que en aquellos momentos fue menos Unión que nunca.


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