Anochecer: Planes de caos
-Y en el servicio - contesto Kalinga una vez recuperada de la sorpresa - que te creÃamos un mero funcionario del gabinete de estadÃstica.
-Y lo soy - respondió José - al menos oficialmente. Si os he dicho todo esto es para convenceros de que me ayudéis. Quiero que, tanto en la Unión como en la Federación Rusa, establezcáis un simulacro de emergencia a partir de mañana y en los próximos diez dÃas.
-Y ¿por qué? - pregunto Kalinga.
-Por que dentro de tres a cinco dÃas la red dejara de funcionar.
-¿Te refieres a la Internet? - pregunto Robert
-Si.
-Y… ¿No podéis evitarlo?
-No es que no podamos - dijo José - es que no queremos, o para ser sincero: Llevamos seis años preparando esta caÃda. La creación del CCII ha sido solo un paso más. La red permanecerá desconectada por un espacio de dos a tres meses.
- Pero – repuso Kalinga – la red fue creada hace cien años por los americanos, en plena guerra fria con nosotros y con la idea que siguiera funcionando, incluso tras un ataque nuclear… no podréis desconectarla.
- Si - repuso Jose – podemos, al menos parcialmente, al menos en la Unión… ¿general?
- Si - respondió Witchmapell – podemos. Cierto es que la red fue concebida por los americanos como un medio de superar incluso un ataque nuclear… es decir incluso aunque gran parte de ella cayera el resto seguirÃa funcionando, pero ha sido victima de su propio éxito, al menos fuera de los Estados Unidos.
- Como – insistió Kalinga – pensáis cerrarla. La idea es que ante la caÃda de un camino se buscaran otros….
- No – le corto el general – la idea ERA. Lamentablemente, o al menos asà pasa en Europa, y no solo en la Unión, también en la Federación, la mayoria de nodos tienen un único punto de conexión con la red, solo los centros de distribución tienen mas de uno, y en todo caso las lineas pasan por tres o cuatro centralitas principales en las grandes empresas de telefonÃa: si colapsamos estos nodos el trafico se cortara.
- ¿Y América? – pregunto Kalinga - ¿y la Federación rusa?
- América – repuso Nadia – creemos que sigue manteniendo su red militar aparte. Desde el caso de los paquistanÃes que trabajaban en Bell y que sabotearon dos lineas de comunicación muy importantes empezaron a tender de nuevo cables.
-Pero - siguió Robert - Eso es un locura. Nuestra defensa se basa en los satélites, y por tanto en la red. Sin ella estamos perdidos. Los integristas islámicos, que nos ganan en número atacaran y nos barrerán.
-Seguro - dijo José - Solo que no estaremos indefensos.
-Como que no. - Repuso Kalinga - La red es nuestra fuerza. Nuestra, y no solo de vosotros, los europeos. Quizás tengáis algún arma secreta, pero sin la red la Federación Rusa esta perdida.
- También nosotros hemos tendido una red paralela – respondió Nadia – aunque reducida.
-Si - siguió José - la red era nuestra fuerza, pero se ha convertido en nuestra debilidad. No solo en defensa, los militares confÃan e ella demasiado, pero… SabÃais que el diez por ciento de los europeos no ha visto la calle desde hace tres años. Y que el uno por cien no la ve desde los diez años. Hay gente que trabaja en la red, para ganar dinero y poder estar conectado al ciberespacio, o simplemente vivir aventuras en la red, tratando de romperla. Para muchos occidentales el mundo es la red y el resto meros fantasmas.
-No me extraña - dijo Nadia - con las radiaciones, la contaminación del aire y el agua, el plomo y el co2 que hay en la atmósfera, las interminables guerras por raza, religión, ideas polÃticas y sobre todo por dinero, la violencia callejera y los demás problemas que han hecho de este mundo un estercolero que haya quien no quiera vivir en él.


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