Anochecer 3. Huida, haciendo nuevos planes.52
Allà también encontraron puestos “fronterizos” la mayorÃa con la bandera francesa, aunque algunos con la alemana o polaca y todos ellos con las de la unión. En varios los soldados se limitaban a estar, viendo la gente pasar. En otros ni habÃa soldados. Llegaron al parque logÃstico, al este de la ciudad, pagaron la tasa de entrada y aparcaron. Salieron y preguntaron por un hotel, el guarda les hizo un gesto hacia la cercana parada de taxis. Allà cogieron un taxi y le preguntaron si les podÃa llevar a un hotel…
- Aunque, le dijo José, no nos funcionan las tarjetas, pero llevamos billetes.
Nadia estaba escandalizada ante lo que pensaba era un serio riesgo y se sorprendió aun más cuando el taxista les respondÃa:
- Por cincuenta euros en efectivo les acerco sin problemas. Si fuera con tarjeta me lo pensarÃa… me es más rentable la gente que va a Tierz o Quicena a los burdeles, ya que en ese camino puedo pasar al gasógeno y ahorrar electricidad. ¿Equipaje?
- No.
- Bien – repuso el taxista mientras salÃa y soltaba el remolque – iremos a luz. La mitad por adelantado.
- Solo veinte – dijo José dándole el billete – no llevo de cinco.
- Vale.
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