Cae la Noche 2
Lynn soltó un bufido, hizo amago de gritar, pero luego cambio de idea al empezar a hablar Roeric.
- Bueno desde hace más de cincuenta años ya no os hace falta ya no combatÃs contra los orcos.
- Que no estemos en guerra, por imposición de esos sodomitas de Nyum, no quiere decir que no haya combates y escaramuzas de cuando en cuando. Además eso es bueno, pues seguimos siendo los más fuertes - dijo Paul - y eso salvará el imperio, pero que lo salvemos no evitará que haya guerra, y eso significa oportunidades para nosotros.
- ¿De qué forma? - Quiso saber Lynn.
- SÃ, no nos vendrÃa mal saber que ronda por vuestra cabeza - apoyó Ethal.
- Bien, después del asunto de las joyas de Kitwen - dijo Roeric - Paul y yo nos planteamos seguir haciendo cosas en común y tras un tiempo al servicio de algunos comerciantes volvimos a entrar en Kitwen y salimos triunfantes, pese al odio de este - finalizo señalando a Paul - a los orcos.
- Y ahora - dijo Paul - os pedimos que os unáis a nosotros en otra pequeña aventura.
- ¿Qué nueva locura se os ha ocurrido?
- Bueno - empezó Paul - durante cien años el imperio ha vivido en paz y respetado los pactos, pero si hay guerra quién no dice que un señor de armas decida no respetar algunos pactos. Eso es lo que piensan en Kitwen y por eso están comprando armas…
- Y tú, precisamente tú - cortó Ethal - piensas vender armas a los orcos, armas que matarán a nuestra gente incluyendo los tuyos de Lyam, y que pueden llegar a Elimet. Si es eso lo que tramas yo no participaré. No las quieren para defenderse sino para atacarnos, aprovechándose de nuestra debilidad.
- Lo sé - dijo Paul - por ello no sólo les voy a vender armas sino que me encargaré de que las usen para matarse entre sÃ.
- ¿Cómo - preguntó Ethal - con alguna droga que incite al suicidio o algo asÃ? Sabes que no son tontos, a pesar que elfos, humanos y enanos les llamemos bestias. Saben que solo unidos pueden sobrevivir. Además tienen un talismán que, pese a sus diferencias, los une. Solo reconocerán como rey a aquel que lo posea. No creo que tengas algo mejor, o es que no has oÃdo hablar de la Luz Azul.
- Si - repuso Paul - no solo he oÃdo hablar de ella sino que la he visto y he hablado con su legÃtimo propietario.
- ¿Con el rey de Kitwen? - preguntó Lynn.
- No - repuso Paul - dejadme que os cuente una historia:
Tags: Khrandilhah, Novelas, Sombras de guerra

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