Sombras de guerra 4.
Después de tres dÃas de viaje, y uno viendo el penacho de humo, llegaron a la planicie. El espectáculo era dantesco. Aquà y allá, distribuidos en tres grupos, estaban unos cincuenta enanos manteniendo vivo el fuego de las hogueras al rededor de los cadáveres, echando hierbas para que hiciera humo y ahuyentara a los buitres y cazando hienas, lobos y otros depredadores, con sus arcos cortos. En un cuarto grupo otros enanos asaban un par de lobos y una hiena en una hoguera, esta con leña seca.
- Aquà - dijo el lÃder enano, señalando la hondonada - esta el carruaje; y en su interior, el mago.
- ¿Solo el mago? - pregunto el general - ¿No habÃa nadie mas?
- Dentro del carruaje no - y señalando a un enano que se acercaba - Este es el Than de mi casa - al enano que llegaba - Este el uno de los hijos del Emperador. El prÃncipe esta buscando a alguien importante… y no es el mago.
- Hemos mantenido todo como estaba - repuso el Than - mi prÃncipe. Sabemos que es importante para vosotros. Os permitirá descubrir quien lo ha hecho, por sus emblemas.
- Muchas gracias Than - dijo el general - efectivamente será de gran ayuda.
- Nos gustarÃa que trasmitierais nuestra colaboración. Su mensajero nos aviso que una importante compañÃa iba a pasar por aquÃ. Por eso estuvimos atentos… lamentablemente no lo bastante cerca.
- Su colaboración será trasmitida a la Familia Imperial - repuso el general - Me gustarÃa comprobar el carromato.
- Si aquà esta.
Reviso concienzudamente el carromato. Efectivamente estaba el mago, pero ni rastro de Gilbert. También encontró algunos trozos del cristal de poder del mago. Los recogió en su bolsa de las monedas. Para ello le paso estas a uno de sus oficiales las monedas, para que se las guardara.
Tras esto empezó a buscar entre los guardias muertos. Mas de tres horas le costo encontrarlo. Cuando lo encontró, lloro. Estuvo un rato arrodillado a su lado, llorando. Luego indico a uno de los oficiales que recuperara y trajera el carruaje. Mientras, los guardias ya habÃan sacado al mago y lo habÃan puesto sobre uno de los carros, que trajeron del castillo. También habÃan ido poniendo los cuerpos de todos los guardias que el general habÃa llegado a la conclusión que no eran él, por grupos los acercaban al rÃo para limpiarlos y prepararlos para el viaje. Otro grupo de guardias empezó, nada mas él se puso a llorar el cadáver de su padre, a concentrar y prepara el resto de cuerpos, aun no verificados.
- Señor, pregunto uno de lo hombres ¿Preparamos leña para encender las hogueras funerarias?
- No. Lucharon y murieron por el Imperio. Aquà no estamos en el Imperio. Esta no es tierra propia, ni tierra conquistada. No hagamos más pesada la carga de estas gentes. Los llevaremos al Imperio… y Mi Padre y el mago a la capital. Preparalos para el viaje.
- ¿Señor que hacemos con los soldados de Naryan?
- ¿Son todos de Naryan?
- Salvo tres, que llevan las armas de Nyum.
- Bien. Quitadles las ropas. Nos las llevaremos a Donegal ¿Donde está el Than?
- Allà mi señor - le respondió un soldado señalando la hoguera donde estaban asando a los animales.
Se acerco allÃ. Vio al Than. Se sentó a su lado. Con dificultad inicio su parrafada en la lengua de los enanos.
- Mi Than… debo pediros un favor… bueno no exactamente…
- Podéis - le respondió el Than en la lengua común del Imperio - hablar tranquilamente en Imperial. Lo entiendo y lo hablo. Y sin pretender insultaros, mejor que vos nuestra lengua.
- Si es un hecho.
- Os estamos muy agradecidos por lo que habéis hecho - repuso el general - y os agradeceremos que mantengáis las hogueras hasta que hallamos acabado de preparar a los nuestros… y quizás en ello tardaremos dÃas.
- No importa. La amistad del Imperio es importante para nosotros.
- Y para nosotros la vuestra. Por eso quiero preguntaros… y que os sintáis libres de respondernos.
- Vos diréis…
- Los que nos han atacado… son gente del imperio, traidores al Imperio.
- Lo sé. Sus emblemas también son imperiales.
- Lo son. Si estuviéramos en las tierras del imperio dejarÃamos sus cadáveres por los lindes del camino para que se los comieran los perros… pero no queremos hacerlo aquà si eso os va a ofender.
- Si os dijéramos que si ¿Qué harÃais?
- Nos los llevarÃamos y los dejarÃamos por los caminos una vez pasemos la frontera.
- Entonces - repuso el Than - si nos dejáis un carromato los cogeremos nosotros y los extenderemos a una distancia de aquÅ asà los animales irán a ellos y no nos molestaran tanto.
- Os lo agradezco. Mis hombres colaboraran con vuestra gente. Cuando acaben con sus compañeros. DesearÃamos, eso sÃ, llevarnos sus ropas, para la acusación.
- Mi gente empezara por despojarlos de las vestiduras.
Tags: Khrandilhah, Novelas, Sombras de guerra

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