Cae la noche 9
- No nos cuentas nada nuevo - le cortó Ethal - Eso lo sabe todo el mundo, pues ese mago, Xalai, huyo y fue a refugiarse en Elimet. Él protegió la corona de forma que es imposible de robar y muchos elfos aun lo insultan por ello, por eso vive en los pantanos como un ermitaño.
- Eso es lo que dice la leyenda popular - cortó a su vez Paul - pero si quieres cuenta tú la historia y luego seguiré yo con mi parte.
- Bien - prosiguió Ethal - poco queda ya que añadir, pero te has dejado algunas cosas:
“Después de una dura batalla en la que Xalai, al que llamaremos asà aunque su nombre es mucho más largo, mató muchos orcos, viéndose sin poder para seguir defendiéndose, fingió morir pensando que asà podrÃa luego escapar, pero tuvo que dar señales de vida cuando vio la suerte…”.
- Ahorra los detalles - cortó Paul - al menos esos, por favor.
- Bien…
“Cargado de cadenas fue llevado a Kitwen y entregado al rey. Este al saber que era mago le preguntó:
- ¿Eres capaz de proteger un objeto?
- SÃ, pero - respondió Xalai - ¿Qué ganarÃa?
- Tu vida, la de tus compañeros y vuestra libertad, pero solo si lo proteges de la forma que yo te diga.
- Bien, ¿y cuál es esa forma?
- Quiero que cualquier hombre, enano o elfo que se acerque a ese objeto muera, y que todo orco de cualquier edad, tribu o pueblo que vea el objeto sienta lealtad hacia sus poseedores, pero no sienta necesidad de poseerlo.
- Esto último es difÃcil pero trataré de hacerlo. Necesitaré mis libros, mi equipaje y mis ayudantes, mi gente, incluyendo algunos que no le han sido entregados, y mucho tiempo.
- Bien.
Tras más de dos años que necesito el rey para reunir a todos los supervivientes y un tercer año de trabajo (bueno, en realidad inicio los trabajos aun antes que se empezara a reunir la gente, con intención de no finalizarlo sino con todos los suyos, cosa que no hizo falta) anuncio al rey que ya le podÃa ofrecer algo. Asà después, tras mucho buscar y probar, Xalai anunció al rey su cumplimiento:
- Estamos - dijo Xalai - dispuestos para protegerlo, más no podemos con el objeto, que ya está cargado de magia, protegeremos una determinada zona del palacio y pondréis el objeto en ella: Marcaréis un cÃrculo dentro del cual todo hombre, enano o elfo morirá al entrar, y todo orco de cualquier condición que vea la Luz Azul dentro, o cerca, del cÃrculo se sentirá impelido a seguir a aquel que la porte, pero no sentirá ningún deseo de tocarla, y menos de robarla. Este sortilegio estará vinculado durante cincuenta años a mi vida y palabra, de forma que si muero, por lejos que este, o si cerca de él pronuncio una palabra se deshará. Asà una vez realicemos esto, tal y como te has comprometido, nos liberaras, a mà a toda mi gente.
Y con tales condiciones realizó el sortilegio, de forma que, aún hoy, la corona se halla en un palacio abierto a todo el que desee entrar a verla, en el centro de un cÃrculo, marcado en el suelo, mortal para hombres, elfos y enanos, y donde los orcos la adoran, pues tal es la forma en que tratan al objeto y a su rey cuando la lleva.”
Tags: Khrandilhah, Novelas, Sombras de guerra

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