Rechazos y aceptaciones, cosas raras de las editoriales

José Bau 18 Junio 2014 3

El otro día un amigo me envío un enlace a una página de otro blog literario, hasta ahí nada que se salga de lo habitual, pidiéndome opinión. Lo curioso es que no era, como habitualmente, la reseña (una reseña demasiado favorable) de un libro sobe el que quisiera que le confirmase o desmintiese la misma, sino que era una curiosa historia sobre unos manuscritos enviados a grandes editoriales: El sorprendente asunto de los manuscritos rechazados.

Como le dije a él: «De ser cierto no me extrañaría, de ser falso tampoco.»

La noticia en sí, no es, en mi opinión, tal noticia. Que la mayoría de editoriales grandes se mueven por un nulo criterio literario ya que como empresas su objetivo es vender, que dan más peso (y presupuesto de márquetin) a aquellos libros que tienen aseguradas más ventas (éxitos extranjeros, famosos televisivos, escritores consagrados,…) frente a las historias de calidad.

Pero seamos sinceros, poner de manifiesto lo obvio no es noticia. Qué pudo mover al periodista del Sunday Times que lo propuso, o al jefe de redacción que lo llevó a cabo, eso sí sería noticia: celos empresariales o algún rechazo editorial, «personal of course». Se admiten apuestas al respecto.

Por lo que hace a mi experiencia poco puedo aportar en ese sentido, más bien al contrario: Una año después de rechazar mi primera «aceptación» editorial se me ocurrió intentar una experiencia distinta, ya que me habían comentado distintas experiencias y si bien con algunas se veía reforzada mi decisión, otras parecían encaminadas a hacerme ver que había sido una gran equivocación.


Así pues armado de un teléfono prepago (para no repetir número), una cuenta falsa, y la experiencia de un año (algo más en realidad), una foto de un famoso (pero no demasiado, o al menos eso esperaba) como foto de carnet, una biografía falsa con tres concursos literarios inventados, una carta de presentación, un resumen algo alterado de la historia y tres páginas que, en la revisión que había realizado a lo largo del año, había desestimado de la novela que el año anterior había sido «aceptada» hice el paquete y realicé los envíos. Cinco editoriales por correo tradicional y  ocho (tres de ellas coincidentes) por e-mail, lo que hace un total de diez editoriales, ninguna de ellas grande, ninguna de ellas famosa, ninguna de ellas con grandes tiradas. De hecho la tirada más habitual eran cien ejemplares, curiosamente los mismos que mi compromiso editorial implicaba que debía vender en la presentación.

De las diez editoriales recibí seis silencios, es decir cuatro respuestas todas por e-mail y una duplicada por teléfono. Lo más curioso es que las cuatro editoriales manifestaban sentirse entusiasmados por mi obra y estar dispuestos a publicarla manifestando que les había gustado mucho mi obra, ninguna (dos de las que me respondieron eran de las tres a las que les envíe correo postal y e-mail) hacía referencia al doble envío de información (de hecho una me envío dos e-mail de respuesta y la otra un e-mail y una llamada), todas incluían gastos que iban desde el ya mencionado «contrato comercial» que implicaba la garantía de ser capaz de vender cien ejemplares (ninguno manifestaba s la edición iba a ser más) en la presentación hasta opciones de coedición o la exigencia de contratar de forma previa con ellos la corrección, maquetación, gestión del ISBN y depósito legal, página web y publicidad (¿Entonces ellos eran algo más que impresores?) siendo todas ellas más o menos opciones de autoedición o coedición más o menos encubiertas o no.

De todas formas lo más curios es que tanto la llamada telefónica, en la que insistí, como en mis respuestas a sus correos en los que indagué (debo reconocer que ahí se descolgó una de las cuatro editoriales, que simplemente no respondió) en todos los casos sus repuestas me confirmaron haber leído completamente mi novela, no solo los primeros capítulos.

Lo cual es harto curioso, pues ni envié primeros capítulos ni envié novela.

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