Acuerdate
¡Oye gitana! Si un dÃa
saboreas el amor
la celestial ambrosÃa,
no olvides en tu alegrÃa
las frases del trovador.
Más si un dulce pensamiento
te las hiciera olvidar,
para turbar tu contento,
con mi postrer lamento
torna mi postrer cantar.
Yo tu amor he mendigado
cual la existencia mendiga
el mortal desventurado,
y siempre e has despreciado
por mi desgracia enemiga.
¡El cielo quiera, gitana,
ya que me tratas asÃ
que un amor tengas mañana
tal, por tu suerte tirana,
como el que tuve por ti!
Quiera Dios que los desvelos
que por tu amor he sufrido
sufras tú, y quieran los cielos
que te consuman los celos
que mi vida han consumido.
¡Los celos! Cruel palabra
que en el mortal asegura
la temprana sepultura,
que lentamente le labra
su terrible desventura.
Son los rústicos gigantes
que con las suyas, ufanos,
pretenden llegar, ¡insanos!,
a los cielos, y arrogantes
se abren tumbas con sus manos.
Son los volcanes rugientes
que en la destrucción se gozan
con esfuerzos prepotentes,
y que al hallarse impotentes
a sus propios se destrozan.
Son, en fin, lo más horrible
que fingir pueda el deseo
aún fingiendo lo imposible
son el suplicio terrible
de SÃsifo y Prometeo.
Convidadas a un eterno
luchar, las pasiones se hallan.
Y cual furias del averno
con apetito de infierno
se resuelven y batallan.
Tal un dÃa sufrirás
si no ves correspondido
el amor que sentirás
y entonces te acordaras
de lo que yo he padecido.
Por eso quiero, gitana,
guardes memoria de mÃ.
No está lejos la mañana
que por tu suerte, tirana,
sufras lo que yo sufrÃ.
R. Ibañez Abellan.
Tag: Poesias


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